lunes, 3 de diciembre de 2012




Rechina, rechina, rechina...tu cama rechina. Gruñes, una película de sudor cubre tu frente, las gotas saladas humedecen la almohada, los puños aferran las sábanas. 
La luna, curiosa, nos te espía tras la ventana. 

— Quisiera poder arrancarte las alas y esconderte del mundo para siempre...pero entonces...¿dónde residiría la belleza de la mariposa? 

Gruñes de nuevo, tus dientes hacen presión sobre la carne suave. Tump-tump-tump ¡qué rápido late tu corazón! Ni siquiera el tic-tac del reloj logra alcanzarlo. 

Tus hombros se tensan, tu espalda se endereza, la línea de vello que desciende por tu vientre se eriza...

...en el exterior, las nubes cobijan una centella.

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7:01 a.m.

Te revuelves sobre el colchón, tus manos palpan la superficie mullida buscando el calor del otro cuerpo que nunca estuvo allí
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7:10 a.m.

Yo, despierta en el otro lado del mundo, contemplo en el espejo del baño mi labio sangrante. 

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Retazo...

El 2 de diciembre, mientras caminaba un rato por el Parque Los Caobos (Venezuela) vi una mariposa morpho posada a los pies de un árbol. Sus grandes alas se abrían y se cerraban de forma intermitente...y el azul era tan intenso como la línea del mar que se extiende hacia el horizonte. Mis manos ardían en deseos de tocarla pero mis pies se mantuvieron pegados al suelo. No moví ni un músculo. Entonces, la mariposa se elevó en el aire y se alejó...yo, por mi parte, me quedé con el bello instante que me regaló su frágil existencia.  






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Jackson Pollock by Miltos Manetas