jueves, 28 de febrero de 2013

Octantis (Segunda parte, I)




Segunda parte

Pero tú y yo, amor mío, estamos juntos,
Juntos desde la ropa a las raíces,
Juntos de otoño, de agua, de caderas,
Hasta ser sólo tú, sólo yo juntos.

Soneto II — Pablo Neruda

I

20 años antes…

Picón Salas había comentado en una oportunidad que la fórmula para crear un ensayo era “tener algo que decir; decirlo de modo que agite la conciencia y despierte la emoción de los otros hombres, y en lengua tan personal y tan propia, que ella se bautice a sí misma” y había asegurado que ésta era la misma fórmula que usaba la literatura. Ifigenia nunca se cansaba de repasar las palabras del maestro merideño. ¿Quién iba a imaginarse lo que le depararía seguir este consejo? Había tenido una idea, la había desarrollado al máximo de su joven capacidad (contaba apenas 23 años) y…bien, la había mostrado al mundo, para terminar siendo arrastrada al ojo del huracán…

      ¿Estás lista? — preguntó Hee Jin, sosteniéndole la mano.

      En lo absoluto — dijo, alisándose pliegues inexistentes de la falda.

      ¡Bienvenida a la SBS!

La SBS de Corea del Sur. ¡Por los molinos del Quijote, estaba en Corea! Ojos rasgados, ojos rasgados por todas partes. Ojos rasgados viéndola, señalándola, escrutándola. Ifigenia deja que Hee Jin sea la mediadora y se limita a seguir las instrucciones que la chica le ha dado previamente en el auto. Sonríe, inclínate, no respondas preguntas si no quieres. Aprieta un par de manos, dice que tiene 23 años, el nombre es Ifigenia Zambrano, no, no está casada; es Licenciada en Letras, hace poco que se graduó…las puertas del ascensor de cristal se cierran y al fin puede relajar los cachetes. En un parpadeo borra todos los nombres que le han dicho recién sus interlocutores.  

      ¿Estás bien? — cuestiona Hee Jin en inglés.

      Recuérdame qué estoy haciendo aquí, por favor.

Su compañera ríe y le da unas palmaditas en el hombro. — Estás aquí porque vamos a filmar una serie basada en tu libro.

Se escucha un timbre, el elevador abre sus puertas.  

Ifigenia tiene unos flashes vagos: el manuscrito terminado, los rechazos de diversas editoriales, el deseo de quemar el trabajo, de rendirse; tocó una puerta más (“tocar no es entrar” decía la abuela), alguien dijo “sí”, treinta mil ejemplares para comenzar, entrevistas, fotos, ofertas, fiestas, cartas; críticas, destructivas, ultradestructivas y un buen porcentaje de opiniones favorables…

….bajaron las llamas, el arroz se coció lento; la nominaron para un premio, cenó sola en su departamento con su estatuilla de plata, la mirada prendada del armario desalojado por el ex novio. Bruma, bruma, bruma. Una llamada de Bianca, alguien tiene una propuesta para ella. Reunión en el hotel Alba, el hombre es coreano, tiene un apellido difícil de pronunciar y le extiende un documento. Ifigenia plantea unas condiciones y lo firma.

      Señorita Zambrano, bienvenida.

Ifigenia pestañea. Se han acabado los pasillos blancos y está parada en el umbral de una habitación enorme en cuya periferia se observa una larga mesa rectangular. Seis personas la lideran, las mismas que se han incorporado de sus respectivos asientos para saludarla.
Sonríe, inclínate, no respondas preguntas si no quieres.

      Confío en que haya tenido un viaje confortable. Le presento a mi equipo de trabajo.

Choi, Yoo, Han, Jung, Park…y Lee, sí, ya lo recuerda, Lee es el director general, un señor bajito con un porte a lo Kim Sang Jung y un apretón firme, además de su excelente manejo del inglés. El grupo le hace espacio en la mesa e Ifigenia se sienta en medio de los guionistas, Yoo Hana y Jung Hyun Jung (hijo). El director Lee le ofrece algo de beber, ella pide agua. Consigue ver cómo el hombre hace una seña a Hee Jin y ésta abandona el recinto, después se vuelve de nuevo hacia Ifigenia.

      Ante usted hay un portapapeles, en su interior encontrará los perfiles de los aspirantes que se presentarán al casting para interpretar al personaje de Mark. Hasta el momento tenemos tres favoritos — expone, acomodándose los lentes de montura cuadrada. — Hyun Bin, Park Shi Hoo y Lee Minho.

Ifigenia ubicó los perfiles de los tres actores con ayuda de la señorita Yoo. Hyun Bin y Park Shi Hoo le gustaron, el primero por el aire de determinación que inspiraba su mirada y por las pequeñas líneas de expresión sobre la frente que le hablaron de la edad, de la nostalgia, del azote del tiempo, muy acordes con su atormentado Mark…sí, Hyun Bin le gustó mucho. Shi Hoo, por su parte, era maduro, masculino y con un interesante equilibrio de naturalezas que capturaba con gran agilidad en sus expresiones…podía mostrar una picardía oscura o una indiferencia resignada con una elocuencia tal que dejaba al espectador como pasmarote. No estaba nada mal.

A la postre, luego de estudiarlo detenidamente por un rato, el único que no logró convencerla fue el señor Lee Minho y así se lo hizo saber al director.

      Este chico emite demasiada luz…no sé, no puedo imaginarme a Mark cuando lo miro…se supone que debería “drenarme” la energía no revitalizarla más, quiero decir, es capaz de “moverme”, claramente consigue desbordar a quien lo observa pero solo en el buen sentido…y Mark es un personaje con una profunda oscuridad interior, no es la clase de persona a la que quisieras devolverle la sonrisa… ¿me explico?

      Sí, la sigo — respondió el director Lee — pero no nos apresuremos a descartarlo ¿alguna vez ha visto actuar al señor Lee, señorita Zambrano?

      En realidad, no — reconoció Ifigenia, sintiendo un repentino cosquilleo en las mejillas.
      Entonces habrá que darle la oportunidad de probarse ¿verdad? Y para eso hemos escogido unas líneas del capítulo dieciocho, después de que Mark descubre la verdadera condición de Callie.

El capítulo dieciocho había sido difícil porque Mark estaba en una encrucijada, afectado por la bomba de sentimientos que repercutía en su interior. Negación, repudio, desconcierto, ira, negociación… y amor, ese amor punzante por Callie que se mimetizaba entre todo y lo asfixiaba. Ifigenia había acabado exhausta sobre el teclado; tres semanas reeditando párrafos y escenarios, buscando las palabras exactas, la habían dejado con el espíritu hecho polvo. Cuando el señor Choi, el segundo director a cargo de la filmación, le enseñó las líneas que serían citadas sus expectativas aumentaron.

      Ya es tiempo de comenzar — anunció el señor Lee, comprobando la hora en su Rólex — Señorita Kim levante las persianas, por favor.

Hee Jin hizo una inclinación y se acercó a una de las paredes de cristal, cubierta por persianas, que flaqueaban la puerta de doble hoja principal. Tiró del cordón localizado en un extremo y el exterior quedó a la vista. Ifigenia abrió los ojos como platos y palpó con nerviosismo la superficie plana del mesón tratando de alcanzar la botella de agua. ¿Es que todos los hombres de Corea se habían congregado para el casting?  

«Dios dame fuerza», rogó en su fuero interno mientras el equipo le daba la bienvenida al primer aspirante.

Continuara...

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Avanzas rápido...bueno..."rápido" para el ritmo que generalmente suelo llevar. Espero poder terminarte pronto, callar las voces, y luego volver a los proyectos que tengo pendientes...

Mis tulipanes rojos para ti,

Belle.

2 comentarios:

  1. Mi querida Belle, mientras más te leo más me convenzo de lo hermosa que es tu alma. En tus relatos hay un maravilloso conjunto de sentimientos, sensaciones y realidades tristes contadas con esperanza. No conozco al personaje que mencionas, pero no necesito hacerlo para imaginar todo lo que he leído.
    Un beso. ♥

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    1. Anya!! Gracias por regalarle un tiempito a esta historia, hay tantas otras cosas por hacer pero necesitaba escribirla. Me alegra que seas parte de ella...y creo que no puedo evitar mi optimismo...es una marca, tal vez de la misma manera que el amor es el nùcleo de tus historias, la esperanza es el centro de las mìas...

      Abrazos, bella, gracias otra vez por animarte a compartir este pedacito de mundo conmigo. ♥

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